mayo 12, 2009

Como suele suceder


Cuando Guatemala se dispone ocupar espacios importantes en la prensa mundial, no lo hace en una forma lisonjera. Quizá hace reforzar esa idea primitiva con que nos asocian. Con un testamento digital donde se confirma que en el país las cosas se solucionan a balazos, ¿Cómo decirle a un potencial visitante que la violencia no es el pan diario de los guatemaltecos?


El video pre mortem grabado tres días previos a su crimen, recorrió el mundo y como pólvora estalló colocándose en los principales medios del globo. En El País de España se colgó en dos partes la polémica cinta. En YouTube se popularizó y desde ciudades lejanas la indignación se tradujo en los comentarios dejados por usuarios guatemaltecos y extranjeros.


Pero algo verdaderamente bochornoso es la conclusión a la que llegaron periodistas salvadoreños en una extensa cobertura sobre el tema: “Afuera, en las calles, los guatemaltecos reclaman respuestas, aunque saben que quizás no llegarán, como suele ocurrir en el vecino país”, último párrafo escrito por los periodistas Óscar Tenorio y Jorge Beltrán de El Diario de Hoy y publicadas en su sitio web elsalvador.com.


Realmente para el Gobierno esto se ha convertido en un escándalo, uno de los tantos que en menos de la mitad de su período han enfrentado, se suma, por ejemplo, a aquellos casos sobre la muerte de Víctor Rivera, la supuesta red de espionaje montada en la Casa Presidencial, la muerte de pilotos, la Orden del Quetzal a Fidel Castro y nombramientos dudosos, entre otros. Pero en este caso, ¿cómo quitarse el golpe dado y las repercusiones que pueden llegar a tener en lo que le queda de gestión?


La inteligencia para atacar la delincuencia –si es que alguna vez la hubo–, está mermando. El gobierno “de” Álvaro Colom está tambaleando y más allá de discursos o pronunciamientos tibios, tendrá que asesorarse para encontrar el camino que le devuelva la confianza a quienes depositaron su voto, porque ahora sale la gente diciendo: yo no voté por él.


Ya el argumento de la supuesta desestabilización que hay en su contra se está quemando y convirtiéndose en un estribillo que alimenta la desconfianza. Consejos tienen que sobrar, consejos serios y oportunos. Las escalofriantes palabras del profesional asesinado hacen mella en la sensación de abandono a la que ha llegado la población, y así como llevan la línea de las políticas, y sin ánimos de mezclar el cebo con la manteca, no sería extraño que ahora se prohíba la grabación de videos acusatorios tal como lo hicieron con la prohibición de circular dos en moto “por cuestiones de seguridad”.


La publicación de El Diario de Hoy nos hace ver que siempre estamos “al borde del abismo y del caos político”. Así nos ven. Como suele suceder.

marzo 30, 2009

De motos y una lágrima


Después de casi tres años decidí de nuevo comprar una moto. Aún la estoy pagando, pero sus resultados comienzan a verse: gasto menos, viajo más rápido y puedo estacionarla donde sea sin el estrés de andar taloneando un maldito espacio en los estacionamientos. Todo bien. Aunque no he olvidado los golpes que me dejó mi anterior caballo metálico y el casco aún tiene los raspones de las caídas no muy agradables que tuve, hay cierta tranquilidad en mi movilidad por la ciudad. Hasta el olor a humo es tolerable. No me enoja incluso soportar a los conductores infelices que se sienten superiores con sus cacharros y me cierran el espacio para no poder pasar. Es cierto que viajar en moto por la ciudad es síntoma de valentía y muchos me dicen que he cometido el peor error de mi vida al montarme nuevamente en esos vehículos, me consuelo al pensar que si tengo predestinado meterme un morongazo en el tráfico, no está de más apresurar el momento.

Las motos son livianas y lo llevan a donde uno quiera. He de decir que mi seca no es lujosa o de motor gigante, por el contrario es pequeña y cómoda. Se desplaza fácilmente por las caóticas calles y me permite dormir un poco más de tiempo por las mañanas porque sé que aunque haya tráfico endemoniado podré llegar a tiempo a donde vaya. Todo privilegio tiene su costo y en este caso sea quizá la vulnerabilidad del motorista.

Pero no quiero hablar tanto de la moto, sino lo que ocurrió el otro día en ella. Resulta que viajaba por la Carretera al Atlántico, y aunque el día era soleado, se tropezó una pequeña gota en mis anteojos. No podía soltar el timón y removerla porque sabía que era peor si la regaba, así que decidí dejarla posar en el aro derecho. La gota no se movía, y en la ausencia de entretemiento decidí hacer un soliloquio con la gota.

La gota no quiso responder, se creía muda. –¿de dónde vienes gota?, le dije. El cielo estaba despejado así que era imposible que fuese una gota de lluvia. Inteté recordar si había pasado un charco, pero el asfalto estaba seco y ardiente. –¿de dónde vienes gota?, le dije. Hasta imaginé que se trataba de mi propio sudor, pero el casco impedía que los líquidos corporales llegaran hasta mis anteojos.

Me comenzó a incomodar su silencio, quizá sea una secreción venida de otro vehículo, pero hacía mucho que no habían carros cerca de la carretera. Después de un silencio de varios kilómetros, entendí que las lágrimas no hablan. Y la dejé reposar hasta que se desvaneció. El viento que sopla viajando en la moto consumió la pequeña gota que en otro momento quizá no la hubiera entendido.

diciembre 02, 2008

Más que periodistas


En mi breve camino sentado frente a una computadora y andando tras historias y estrofas de vida cotidiana, me he topado con charlatanes que sacan de este lindo oficio un tajo para su matate que más allá de construir un periodismo sólido lo desconfigura y crea estereotipos que dañan el trabajo de muchos otros que hacen de la libreta un verdadero orgullo.

Pero no me detendré a llenar este espacio enumerando las consecuencias que generan este tipo de personas que se convierten en el cáncer que termina de enfermar el entorno de los buenos periodistas. Más bien pretendo hacer un homenaje casi inexistente del trabajo de los colegas que sobreviven en este medio guatemalteco, que no está de más decirlo, no se salva de los grandes males de toda la región.

Guatemala, caso particular, hubo viejos colegas que fueron silenciados física y moralmente. La historia tiene en sus páginas nombres de valientes reporteros que con su trabajo aportaron un ladrillo en este muro inconstruible de la democracia. Sus voces, quien aún las recuerda, son sonidos trepidantes que buscan imitaciones en este ambiente asfixiante.

Este válido derecho de expresar los sentimientos tiene olor a sangre de indígenas, campesinos, estudiantes, sindicalistas, obreros, periodistas. Ellos lograron ganar una batalla pero en la pelea por la libertad plena y el bienestar general aún tiene sus aristas. Hay remanentes de poder que impiden abrir brechas para el progreso como nación, y son esas sombras que empañan el desarrollo del oficio.

También cabe un espacio de autocrítica. Vale decir que tenemos nuestras debilidades, y que somos parte de la mala construcción de la sociedad y nos adaptamos a ella para sobrevivir. Hay vicios que están en proceso de corrección y que conforme pasan las generaciones se han visto nuevos cambios y se dibujan características distintas de un nuevo periodismo que, a paso lento, va tomando ritmo y forma.

Un periodismo distinto, agradable y con mejor calidad, y ya hay nombres que entran en una lista de promesas que nomás hace falta el impulso de quienes los acogen para invertir en su profesionalismo y que repercuta en la oferta periodística en general. Porque acá sobrevive el que puede y como puede.

La historia ha cambiado y en un ambiente un poco más libre vale la pena reconocer los fallos en el oficio y trabajar en las fortalezas. Todo depende del propio periodista que quiera hacerlo y sentirse realmente en una piel de periodista sabiendo reconocer el poder que tiene una libreta y un lapicero frente a otra persona.

IMAGEN TOMADA DE ESPARTERO.BLOGIA.COM

noviembre 12, 2008

Consumidos por el fuego


Siempre he creído que una de las formas más despiadadas y cruel para morir es carbonizado por las llamas. Es difícil imaginarse la agonía que siente la víctima cuando es rodeado por el fuego, no puede siquiera ver cómo su cuerpo es calcinado porque a los pocos segundos de que su cuerpo entra en contacto con el fuego, sus pupilas son de los primeros órganos que estallan.


Se va consumiendo poco a poco la piel, el cabello, las manos, los hombros, los labios, las uñas; después de un tiempo el dolor asfixiante dejan de manifestarse pues las conexiones nerviosas se achicharran mientras el cuerpo termina enjutado frente a los espectadores, si es que los hay. No hay quien salga con vida de tal hoguera, sobrevivir es un milagro, y una maldición permanente para el resto de la vida.

Si llegase a morir por un accidente, me gustaría que fuese por obra de la naturaleza, sin dolor ni agonía. Y es que morir quemado es de las peores muertes, las otras son para mí, ahogarse, la sed, y el hambre (de ésta última ya hay muchos casos en Guatemala). Aunque en el país morir quemado ya ha dejado de ser un accidente convirtiéndose en una mera diversión de la mente criminal, la guinda de una ejecución perfecta. La vemos con frecuencia. El sábado pasado un escuadrón de limpieza social decidió eliminar a un hombre señalado de secuestro y de acoso a la población de Palín. Lo sacaron de su casa, no negociaron, la sentencia social estaba consumada, los disparos no fueron suficientes para asegurarse que no saldría con vida y con gasolina y un fósforo le prendieron fuego hasta que su carne sacó ese terrible olor a carne humana asada.
Ese mismo día, en el oriente del país, un autobús era incendiado con 16 personas a bordo. La mayoría nicaragüenses que venían al país en plan turista-laboral. Sus cuerpos quedaron irreconocibles, plasmando una postal de Guatemala para los extranjeros que cada vez se alejan de visitar estas tierras de salvajismo. Si es que se quería superar el trauma desatado por la matanza de los tres diputados salvadoreños y su piloto, ahora con este nuevo hecho, las cosas en lugar de mejorar han empeorado, poniendo al país en una situación verdaderamente crítica en cuanto a la debilidad del Estado para proteger a su población y a la visitante.

Una chilena escribió ayer un comentario en el sitio web de Lahora.com.gt, expresando su desazón sobre sus frustradas intenciones de hacer turismo aquí. "Guatemala es un país hermoso, y con muchos lugares turísticos, pero me da miedo viajar, y ahora más", fueron sus palabras secundadas por otras personas que desde lejos nos ven como salvajes. Y no los culpo. Ese mensaje poco alentador y plasmado con el fuego de que en este país "lo que no se quiere se quema".

*FOTO TOMADA DE OTRAEXPRESIÓN.COM. MUESTRA A UN HOMBRE QUEMADO
EN EL ASENTAMIENTO DE REIGER PARK, DURANTE L BROTE DE VIOLENCIA XENÓFOBA

septiembre 30, 2008

Efecto gasolina


En una de las salas de proyección habilitadas en el Festival de San Sebastián, decenas de ojos críticos contemplaron la Guatemala según Julio Hernández. Ahí estaba, con las manos temblorosas y sin cruzar mirada con nadie, el cineasta guatemalteco presentó su ópera prima basada en una realidad que no escapa de su propia honestidad.


Sin duda alguna, el premio obtenido por la cinta guatemalteca "Gasolina" el sábado pasado es un buen paso en el lento andar del séptimo arte guatemalteco, que por más que sus realizadores expongan sus proyectos no hay modo que se les brinden los recursos necesarios para hacer lo que Julio Hernández demostró, con sus propios medios.

La cinta se presentará en no menos de mil salas en Europa. Vendrá al país a finales de octubre, y según el cineasta, esa será otra prueba de fuego. No extrañaría, por ejemplo, que la receptividad varíe a la obtenida en España. Algunos, quizá el auditorio guatemalteco no se sentirá reflejado en la película o le será muy difícil asimilar lo que Julio Hernández quiso transmitir.

Pero, no es nada extraño, ahora mismo se levantará un efecto "Gasolina" y habrá Julio Hernández para rato. Será invitado a participar en foros, los cazadores de piratería estarán tras una copia y socializarla, en las filas gubernamentales se estará preparando un homenaje por el premio alcanzado. El Ministerio de Cultura le dará reconocimientos y resaca tras resaca. Bueno, sería lo menos que pudieran hacer o, quizá no importa tanto, algo menos que la fiebre carlospeñamanía de la que ya nadie habla. O ni se recuerda.

El punto, al fin y al cabo, es el balsámico que el filme galardonado dará a las artes locales. Pues, en una sociedad como la nuestra, "pequeña" -uno de los calificativos recurrentes-, no cae nada mal que personas logren cosas "grandes". Y es que hay por ahí, pululando, gente que a paso seguro y sin aspaviento, dándole vida a sus sueños. A pesar de lo difícil que es hacerlo en este país. En donde a no muy pocos les gana la desesperación y la impotencia de cambiar las cosas.

Por lo pronto Julio ha decidido dejar florecer su creatividad para un nuevo guión y hacerlo parir en tierras españolas. Ni hablar. Lo que ya tiene en mente deberá ser algo muy bueno, ya lo han vaticinado, y además, ahora que se ha codeado con renombrados cineastas del mundo, ya se espera mucho de él. O de nosotros. O de Guatemala.
FOTO: FESTIVAL DE SAN SEBASTIÁN

septiembre 21, 2008

Very Important People


No cabe duda, y aunque sean comentarios que se repitan hasta el cansancio, Guatemala es un país de los extremos. De contrastes. Habitan personas con suficiente poder económico que no envidian para nada a los millonarios centroamericanos, pero hay también los que viven en la suficiente pobreza para engordar las cifras que nos recuerdan lo miserables que somos; tenemos parajes paradisíacos que ensanchan el orgullo nacionalista de aquellos que esconden sus problemas en una capa patriótica o en un banderín de diez quetzales, pero hay también escenas tan tétricas que golpean el alma de los cazadores de gráficas y sacar de ellas grandilocuentes fotografías que forman parte de los portafolios premiados afuera.

Contrastes. Desigualdad. Aún se recuerdan aquellas célebres frases del ex presidente Óscar Berger asegurando -más que interrogando- sobre la pobreza en el país: "Yo no he visto que los restaurantes dejen de llenarse", "yo no he visto que los vuelos dejen de salir del aeropuerto", recordaba el último abanderado de la derecha política que hoy disfruta de su tiempo libre en la Costa Sur del país. Probablemente tenga razón y los críticos de los medios de comunicación tengan malas intenciones al sacar diariamente evidencias de que las zanjas sociales no han sido rellenadas de ningún modo. Él quizá, junto a una gruesa capa de la sociedad que no logran ver más allá de sus blindados no percibe lo que perciben los guatemaltecos que viajan como sardinas en las chatarras-con-cuatro-ruedas-y-vomita-humo; él quizá, junto a los que van cobijados en los Mercedes o beemedoblevés no escucha la lluvia mañanera, misma que se convierte en amenaza para los que viven bajo lienzos de lámina y madera a un costado de los cerros.

Esas son las grandes zanjas que separan a las guatemalas. Pasaron casi cuatro décadas de una guerra que más que cambios terminó con la masa intelectual guatemalteca y, nada cambió. Hoy, por ejemplo, con facilidad es detenido un pequeño consumidor de hierba o un infractor múltiple, acaso un desprevenido conductor, un carterista, un ladrón de calcetines, un fanático del desorden urbano, de inmediato son ligados a procesos que los obliga a permanecer en sectores del Preventivo jugándose la vida entre homicidas, violadores y todos los etcéteras que le ponen la piel de gallina a cualquiera; entretanto, aquellos que no corrieron con suerte con sus movidas de millones y que para su desdicha los sorprendieron teniendo que enfrentar la justicia, pasan a espacios especiales. Hablamos de los prisioneros con privilegios que conviven o disfrutan de su prisión temporal en el Sector 12 del Preventivo, lugar a donde esta semana fue enviado un nuevo huésped: el ex diputado Héctor Loaiza Gramajo, a quien algunos se les ha ocurrido llamar El Zar de la Gasolina. Bien dicen por ahí que las cárceles son espejos de la sociedad, no por nada esos contrastes que se pintaban al inicio de estas líneas se reproducen tras las rejas.

agosto 11, 2008

De olimpiadas


Por lo menos unos segundos, miles de corazones vibraron bajo un mismo ritmo al ver desfilar en manos de Kevin la bandera azul-blanca. Y, de nuevo, brotes de nacionalismo hincharon los pechos de quienes aún mantienen la esperanza de que Guatemala consiga glorias por las que no ha luchado. Depósitos de fe a largo plazo cobran sus intereses cuando vuelven justas como las que ayer arrancaron en Pekín.

Los doce atletas, jóvenes todos, llevan la entrega de conseguir un pequeño momento de felicidad para todos, o casi todos los que esperan la reencarnación de un nuevo fenómeno como la carlospeñamanía. Y, con esa característica de cortoplacistas en nuestra memoria colectiva, los mismos políticos cruzan los dedos para que la dicha nos sonría en China y ya sea Christian López, Luis García, Juan Carlos Romero, José Amado García, Alfredo Arévalo, Gisela Morales, Évelyn Núñez, Edy Valenzuela, Kevin Cordón, Juan Andrés Rodríguez, Ignacio Maegli o Rita Agüero consigan una presea.

Así, nuestra atención se desviará ciegamente al otro lado del mundo y adorar al nuevo ídolo, esta vez del deporte. Ya no importará sentirnos indignados que los proveedores de combustible reduzcan una miseria los precios del carburante cuando automáticamente le habían subido tanto como para tambalear la ya tambaleada economía nacional. Tampoco será de real importancia que el número de mujeres brutalmente asesinadas siga engordando los expedientes sin investigar del aparato de seguridad, que cada vez se muestra más inseguro.

Una medalla talvez nos conmueva lo suficiente y nos dejará de incomodar cuando veamos a los diputados felices y contentos por haber hecho las de Poncio Pilatos y lavarse las manos consiguiendo la justificada renuncia de Eduardo Meyer, pero sin aceptar su trozo de culpa en el gran pastel de la impunidad. Porque si algo nos dejó bien claro es que los ochenta-y-dos-punto-ocho millones motivos son tan sólo la guinda de lo que ocurre a espaldas de quien los eligió.

Realmente sería emocionante ver a Guatemala en la última casilla del medallero actual y en el ranking mundial, de ese modo ocuparíamos al menos una línea en el mundo sin esa asociación de que somos "un país de bandidos" como apareció recientemente en un tabloide británico luego que asaltaran a unos turistas en El Rancho. Una medalla, un trocito de felicidad para una sociedad cada vez más golpeada, sería probablemente un ejemplo para la juventud desencantada con la vida y su entorno.

En estos tiempos de olimpiadas, habrá que ponerse cuerpos atléticos para continuar y soportar la maltrecha vida cotidiana que nos regalan cada día.
Buena suerte para los doce -y los otros 33 que gozaron del fantástico viaje patrocinado a Pekín-. Esperamos la primera medalla para el país.